Ser puntual es valorar el tiempo propio y ajeno

El APMA informa que la puntualidad a la hora de llevar a los alumnos/as es imprescindible para el buen funcionamiento del centro, por lo que se les pide a los padres y madres que los niños estén en la puerta del colegio antes de las 9 de la mañana. Según comentó el director del colegio, Juan Lucas, se va a adelantar el horario límite de acceso al colegio a las 9:05.


La puntualidad es la virtud que representa el respeto hacia uno mismo y hacia los demás, siendo necesaria para dotar a nuestra personalidad de carácter, orden y eficacia. Esta virtud debe ser enseñada desde los primeros años de vida y dentro del seno familiar, donde las normas y costumbres establecen horarios para cada actividad familiar. Es una de las normas básicas de la buena educación, ser puntual supone un signo de consideración hacia las personas que están esperando.  También es la forma de satisfacer una obligación en un plazo determinado, para empezar o terminar algo.  La puntualidad se va construyendo con esfuerzo, voluntad y sacrificio para hacer las cosas a tiempo o estar a tiempo en el lugar adecuado, y así cumplir los horarios aceptados.

Para ser puntual, primeramente debemos ser conscientes que toda persona, reunión, actividad o cita, es importante para los que lo organizan y para los asistentes.  Practicar la virtud de la puntualidad, es una forma de hacer a los demás la vida más agradable, mejorar nuestro orden e intentar convertirnos en personas dignas de confianza.  Retrasarse es equivalente, a demostrar  irrespeto por el tiempo de otra persona y se puede considerar un insulto.

Obligaciones de los padres para inculcar el valor de la puntualidad en los hijos:

Para poder inculcar en los hijos la puntualidad, lo primero que deben hacer los padres es practicarla continuamente, dando ejemplo en todas sus actividades, para esto se necesitan mucha voluntad y sacrificio. Nunca se podrán enseñar la virtud de la puntualidad, y ninguna otra  virtud  y/o valores humanos, sin el ejemplo constante de los padres en su comportamiento. Si los hijos no ven la puntualidad de los padres, nunca llegarán a ser puntuales.  “Las acciones dicen más que las palabras”.

Establecer un programa escrito complementado con un  horario  lo más inflexible posible para el día a día de las actividades familiares,  esto es muy importante para hacer de la puntualidad una constante en las relaciones familiares, escolares y sociales y así poder cumplir con los compromisos.

El valor de la puntualidad es necesario para dotar a nuestra personalidad de carácter, orden y eficacia, pues al vivir este valor en plenitud estamos en condiciones de realizar más actividades, desempeñar mejor nuestro trabajo, ser merecedores de confianza.

Para crecer y hacer más firme este valor de la puntualidad en tu vida, puedes iniciar con estas sugerencias:


  • Examínate y descubre las causas de tu impuntualidad:  pereza, desorden, olvidos, irresponsabilidad, etc.
  • Establece un medio adecuado para solucionar la causa principal de tu problema (recordando que se necesita voluntad y sacrificio): Reducir distracciones y descansos a lo largo del día; levantarse más temprano para terminar tu arreglo personal con oportunidad; colocar el despertador más lejos, etc.…
  • Aunque sea algo tedioso, elabora por escrito tu horario y plan de actividades del día siguiente. Si tienes muchas cosas que atender y te sirve poco, hazlo para los siguientes siete días.  En lo sucesivo será más fácil incluir otros eventos y podrás calcular mejor tus posibilidades de cumplir con todo. Recuerda que con voluntad y sacrificio, lograrás tu propósito.
  • Implementar  un sistema de "alarmas" que te ayuden a tener noción del tiempo (no necesariamente sonoras) y cambiarlas con regularidad para que no te acostumbres: usa el reloj en la otra mano; utiliza notas adheribles...
  • Establece de manera correcta tus prioridades y dales el lugar adecuado, muy especialmente si tienes que hacer algo importante aunque no te guste.


Vivir el valor de la puntualidad es una forma de hacerle a los demás la vida más agradable, mejora nuestro orden y nos convierte en personas digna de confianza.


No importa que las demás personas no sean puntuales, la satisfacción de la puntualidad propia, justifica todos los sacrificios hechos al practicarla.

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